De escalada en la Alcazaba

Para la escalada en la Alcazaba los más expertos hablaban de un ataque en estilo alpino, para garantizar la cima.

  • Distancia recorrida 23 km.
  • Desnivel de subida 1857m.
  • Tiempo total empleado 10h25’
  • 6h15’ Trévelez (1528m) (Fita 00)
  • 8h15’ Cortijo Campiñuela (2399m) (Fita 01)
  • 9h50’ Siete Lagunas (2897m) (Fita 02)
  • 11h35’ Cresta colaero (3284m) (Fita 03)
  • 12h10’ Alcazaba (3355m) (Fita 04)
  • 14h10’ Base Chorreras Negras (2787m) (Fita 05)
  • 15h05’ Cortijo Campiñuela (2399m) (Fita 01)
  • 16h40’ Trévelez (1528m) (Fita 00)

A mí me asusto aquella expresión hasta que alguien me explicó que simplemente se trataba de llevar muy poco peso para hacer un ataque de jornada, en lugar del intento anterior, con tiendas, sacos, infiernillos, comidas y plumíferos, para hacer noche y atacar desde la aproximación, como hicimos el año pasado. Desde la autovía ya pudimos ver que no quedaba demasiada nieve, lo que suscitó esperanzas y algunas dudas sobre las botas idóneas para el ascenso.

Ascensión a la Alcazaba

A las 6,15 encendíamos los frontales en la entrada de la ruta que parte hacia Siete Lagunas. El inicio es tosco, por un camino de herradura que ya ha perdido firme y se hace duro desde el principio, por su irregularidad. Caminamos con los leds casi una hora, con diversas incidencias de poca envergadura y a un ritmo un poco ansioso, casi endiablado.

Al dejar el camino de herradura se accede ya a una ladera de fuerte pendiente que supone un buen prólogo de lo que nos espera. Estamos nerviosos y vamos demasiado deprisa, unos por asegurar la llegada a la cima y otros por querer regresar pronto para afrontar el regreso en coche sin agobios.

El caso es que pronto divisamos a otros montañeros. Ellos se dirigen al Mulhacén y van más tranquilos, ya que harán noche de nuevo en Trevélez. Nos despedimos en el primer refugio y seguimos ya con vistas de La Alcazaba, medio oculta tras el Peñón del Globo.

Apenas se ve nieve en la cima, pero siempre hay sorpresas, como veremos. Yo estoy encantado: estoy subiendo con botas de verano y voy muy cómodo. Después, en Siete Lagunas, me arrepentiré.

Esta vez no hay dudas en la trazada y seguimos la senda que bordea por la izquierda (aguas arriba) la caída de agua de siete lagunas, hasta cruzarla poco después para rematar el ascenso por la otra vereda. La pendiente es sostenida y subimos a buen ritmo hasta afrontar las paredes por donde se derraman las Chorreras negras.

Cuando llegamos, aún están congeladas.Apenas son las 9 de la mañana y este estado muestra que la noche ha sido más fría de lo esperado. Ascendemos la fuerte pendiente hasta ganar la cañada de siete lagunas.

Allí vemos todavía una cantidad de nieve significativa que me produce cierto escalofrío, por lo inadecuado de mis botas.La laguna Hondera está congelada aún y en su embocadura se aprecia como se produce tenuemente el deshielo.

Es una imagen nueva y hermosa como pocas, una medialuna de hielo nutriendo un agua más trasparente que el cristal de Bohemia. Pisamos nieve. Yo intento evitarla caminando sobre piedras, pero me retraso y me arriesgo a pisar: afortunadamente la nieve está dura pero no resbala, de manera que camino sin hundirme ni patinar: buenas noticias, de momento.

Los compañeros, que han subido con botas de alta y de media montaña, se sienten ahora a sus anchas.Seguimos por la cañada de Siete lagunas en dirección a las paredes norte de la sierra, hasta rebasar por debajo los espolones descarnados del Globo y situarnos entre éstas y las del Puntal de las cornisas, otro 3000 de envergadura.

escalando en Granada

La cara este del Mulhacén

A la izquierda queda la cara este del Mulhacén tan señorial como la norte, mostrando todavía sus palas nevadas, llamando a los más escaladores del grupo.Afrontamos ya las duras rampas del coladero que permite el acceso entre el puntal y el peñón. Cuando ya los músculos comienzan a demandar piedad a sus propietarios, se percibe el viento fuerte de deslinde y rebasamos la arista: estamos ya frente a la Alcazaba, muy cercana, de la que sólo nos separa un puente de nieve.

Aquí las cosas se hacen más complicadas, con viento fuerte y nieve ya algo blanda. El piolet se hace imprescindible y afrontamos las últimas rampas, extrañamente amables en un tres mil, con la certeza de que este año, la Alcazaba, la Gran Dama, nos acogerá en sus brazos.

La llegada a la cima

La llegada la cima es tranquila, y las vistas de la cadena de tres miles magnífica. La vista del Mulhacén es singular, ya que pueden observarse desde aquí, simultáneamente, las caras norte y este, dejando a sus pies la explanada de la laguna de la Mosca, aún con mucha nieve, a vista de pájaro.

Reflexiono entonces sobre cómo la Gran Dama nos ha dejado este año alcanzarla, y sobre cómo la montaña es quien decide el cuándo y el cómo, el momento y el modo propicio. Sólo podemos estar preparados, preguntar y esperar que la montaña nos dé su respuesta.

Pienso también en que la Alcazaba es la única cima de Sierra Nevada con nombre femenino. Están el Picón, El Puntal, El Peñón, El Caballo, El Juego de Bolos, El Veleta y, por supuesto, el Mulhacén.

Sola la Alcazaba, entre tanto pico, destaca por su generosa suavidad final. Con todo, es la más lejana por cualquier vía, la que exige más esfuerzo para preguntarse si te permite alcanzarla.
Alcanzar la Alcazaba, la Gran Dama, tras un año de espera. Se produce un silencio, un silencio de arribo.

Después el regreso. Esta vez se hace penoso: la nieve ya está blanda y mis botas ya han aguantado más de lo posible. Pero estos detalles se olvidan pronto.
Lo que no se olvida es que la Gran Dama te ha dejado abrazarla.

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